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Viernes, febrero 06th, 2009 | Author:

Dosificación de abonos.—Es un error creer que cuanto más se abone una tierra más ha de producir y mejores serán los resultados obtenidos. Si una plantación, por ejemplo, rinde más con 100 kgs. de determinado abono que con 50 kgsv puede dar rendimientos menores si la dosis se eleva a 300 kgs., pues el exceso puede obrar en tai caso como factor negativo. Esto nos explica que un abono debe ser aplicado al suelo en dosis convenientemente medidas, o dicho en otras palabras, en las cantidades justas. Se preguntará el lector: ¿y cómo saber cuáles son las cantidades justas? Para contestar correctamente a esta pregunta deberíamos entrar en un campo de verdadera ingeniería agronómica, vedado en la mayoría de ios cases al aficionndo y al hombre práctico. Escuetamente traducida, la fórmula no es complicada: la tierra posee, digamos por ejemplo, 10 kg. de potasio; la plantación, hasta su completo desarrollo, requiere 15 kg. Habrá por lo tanto un déficit de 5 ks>. que deberá ser proporcionado en forma de abonos. Si el sulfato de potasio posee, según la tabla insertada más arriba, 50 kg. de potasio cada 100 kg. de la sal, una simple regla de tres nos indicará que incorporando al suelo 10 kg. habremos logrado los 5 kg. deficitarios de potasio. El mismo razonamiento es válido para los otros elementos biogenéticos, fósforo, nitrógeno, calcio, etc.
Comprenderá el lector, siguiendo con esta teoría, que deberá conocer la composición química del suelo y la de la plantación, pues solo asi llegará a los resultados apetecidos. Ambos procedimientos escapan a las posibilidades del cultivador, al que no quedará más remedio que valerse de sistemas menos racionales, pero más a su alcance. La práctica, basada en la observación diaria, la lectura de textos especializados y la prudencia combinada con el razonamiento, serán los mejores consejeros y el “instrumento” más valioso con que podrá contar a su favor.

Sábado, diciembre 06th, 2008 | Author:

Denominaremos aqui “terraza” al balcón amplio que sobresale de la edificación o azotea con acceso al público. Posiblemente no sea ésta !a verdadera acepción castellana, pero como así se conoce en nuestro medio…   vox populi, vox Dei”. En jardinería se denomina “terraza”, según veremos, a un arriate, generalmente escalonado, en donde se disponen las plantas como ornamento.
Un balcón o una terraza desprovistos de plantas y flores, es triste y soso. Solo la incorporación de algunas macetas cultivadas lo aviva y le infunde simpatía.
Los vegetales que se coloquen en balcones y terrazas deberán ser, desde luego, cultivados en macetas o recipientes especiales. Este tipo de cultivo no reviste complicación alguna. Solo deberán observarse, como veremos más adelante, algunos pocos cuidados.
No debe olvidarse que las plantas de balcón han de permanecer muchos años en los recipientes que las contienen, y que siempre resulta molesto y hasta imposible, el estar trasegándolas cuando las reservas nutritivas comienzan a escasear. Es preciso entonces abonarlas periódicamente, por lo menos •una vez por mes, evitando si es posible los abonos inorgánicos (minerales). Se plantea aquí entonces otro problema. No siempre resulta fácil conseguir en plena ciudad abonos orgánicos, tales como los estiércoles. Sin embargo será preciso hacerlo si se desea una plantación lozana y florífera.
El hollín, el polvo de la ciudad, etc., son otros enemigos de las plantas de balcón. No solo perjudican su aspecto sino también, al obstruir sus estomas, impiden su libre respiración. Será preciso, pues, limpiar el follaje periódicamente, valiéndose para ello de cualquier medio que se considere prudente y oportuno. Consideramos oportuno un “baño del follaje”, aunque imprudente si en el mismo momento de la operación están pasando transeúntes por debajo de nuestro balcón. Para evitar ulterioridades consideramos más prudente el lavado de las hojas con un trapo húmedo, siempre que la contextura de las mismas lo permita. En caso contrario, habrá que valerse del medio que se considere más adecuado.