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Viernes, febrero 06th, 2009 | Author:

Aplicación y distribución de los abonos.—Es necesario que los abonos se apliquen bien pulverizados. Una buena práctica es tamizarlos antes de realizar la mezcla con el suelo. Cuanto mayor sea el grado de división de un abono, mayor será también su acción por cuanto reaccionará más rápida mente con los reactivos de la tierra, y llegará más fácilmente a las raíces de las plantas.
Los abonos que por su estructura no permitan el tamizado, se distribuirán lo más uniformemente posible antes de la siembra o plantación. La mejor época para distribuir un abono mineral, o uno orgánico concentrado, es después de labrado el suelo y antes de ser rastrillado; se distribuirán al voleo y acto seguido se los enterrará levemente mediante una rastrillada o rodillada. El mejor momento es cuando no hay viento, ni demasiado calor, antes de una lluvia y por la tarde; debe evitarse realizar esta labor después de un riego o de una lluvia, lo mismo que por la mañana en épocas calurosas.
Los fertilizantes que deben cumplir una función enmendadura, se distribuirán en el terreno a tratar formando montones, los que luego se desparramaran lo más uniformemente j/wible; realizada esta tarea, se los enterrará en el espesor da tierra que sea conveniente.
Los abonos que deban aplicarse en un terreno plantado, se distribuirán alrededor del pie de las plantas, pero no inmediatos sino formando una corona cuyo diámetro depende del desarrollo radicular de la especie cultivada. Se trata con ello de que -sean las raíces quienes vayan’en busca de los elementos nutritivos, y no que éstos se pongan en contacto con las raíces, pues podrían ocasionarles quemaduras o intoxicaciones.

Sábado, diciembre 06th, 2008 | Author:

La ditancia que ha de observarse al plantarlos es de la mayor importancia. Para ello debeiá tenerse conocimiento del espacio que he de requerir hacia arriba (follaje) y hacia abajo (sistema radicular). Estos datos son necesarios para proteger la vida del vegetal, pero no debe dejarse de lado la finalidad principal que ha de tener en el jardín, vale decir, su efecto decorativo. Aquí, además del porte y de su elegancia, interviene el color del follaje. La combinación de coloridos aumenta la belleza en grado superlativo.
Nuestro mayor deseo sería el de encarar un estudio a conciencia de los árboles y arbustos que pueden integrar un jardín, pero comprenderá el lector que ello no es posible. No obstante, en el próximo capítulo haremos una descripción somera pero metódica de las principales especies forestales y de adorno, agrupándolas por orden alfabético para que resulte fácil su búsqueda.
2) Jardines fugaces.—Pueden considerarse como antagónicos a los anteriores. Aquí la flor constituye el principal fundamento. Y la flor abre, vive y muere fugazmente. Alguien dijo que un jardín florido inclina a la contemplación, mientras que uno arbóreo conduce a la meditación. Es un acierto.
El jardín fugaz se presta especialmente para aquellos casos en que se dispone de poco terreno. Allí no son posibles los árboles de gran porte. A lo sumo intervendrán los arbustos o arbolillos de hojas caducas. Los céspedes y algunas plantas para cercos y abrigos, constituirán el marco más adecuado, y hastu obligado, de este tipo de jardín florido.
3) Jardines ABiERTOS.-Podemos llamar así a aquellos que no;, ¡-ermiten la contemplación lejana de un panorama. La casa rodeada de un jardín fugaz y más allá el horizonte: ese podría ser un ejemplo típico. Préstase especialmente en aquellos casos en que la vivienda está construida sobre una altura, cerno ser en las laderas de un cerro o al borde del mar. Los árboles no pueden existir, o de ser lo estarán aisladamente y en número mínimo, pues tenderían una cortina frente al horizonte deseado. A lo sumo podrían tolerarse arbustos de poco porte o matas arbustivas, cuando se deseen masas verdes. El resto sería integrado por macizos o rocallas de flor, sabiamente combinados con céspedes adecuados.