La jardinería es como la poesía: si cinco versos bastaban, puedo asegurarles que cinco arbustos bien puestos también podrán ser suficientes para hacer un pequeño jardín, bello como una poesía. La clave está en generar una idea previa a tomar la pala, elegir las plantas adecuadas y plantarlas con arte. Vayamos al primer punto: la idea. No disponemos de mucho terreno como para un desarrollo complejo del espacio así que lo más adecuado será apoyarnos en lo ya existente y construido. Observamos y estudiamos sus características, las proporciones, su estilo, el color de las paredes. Recordemos que el jardín delantero no sólo formará parte del frente de la casa sino que, al mirar desde el interior aparecerá como un primer plano a través de las ventanas, siendo una especie de nexo entre la calle y la casa. En base a esta idea, pensemos en algunos aspectos hipotéticos. Si el frente de nuestra casa no está bien equilibrado volumétricamente, tendremos oportunidad de corregirlo por medio del jardín. Si la masa del edificio está pesando mucho sobre la izquierda, por ejemplo, por el volumen de la planta alta o por la forma del tejado, y esto desluce el conjunto, podremos remediarlo plantando a la derecha un árbol columnar que equilibrará la composición y no proyectará mucha sombra.
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Un libro excelente para quienes quieran adentrarse en el mundo de las flores de Bach. Una selección completa de pregunas y respuestas muy clarificadoras, como ¿Porqué no se elabora una combinación con las 38 flores? ¿Se puede partir de las cualidades positivas de las flores que a uno le gustaría desarrollar? ¿Pueden recetarse las flores de Bach aunque no haya contacto on el paciente?, etc. Una recopilación de las preguntas planteadas con mayor frecuencia sobre la terapia floral de Bach reunidas en forma sinóptica y de fácil consulta. Te recomendamos tambien el sitio Jardinería que contiene muy buena información.
La autora, Mechthild Scheffer, se ha hecho eco del flujo de consultas planteadas en varios centros Dr. Edward BAch y ha reunido las respuestas en esta obra que, huyendo de conceptos teóricos, resuelve numerosas cuestiones prácticas. Desde la preparación de las combinaciones florales hasta su aplicación práctica en trastornos físicos y anímicos, pasando por sus mecanismos de actuación y sus efectos en animales y plantas, todos los temas se encuentran aquí reunidos en forma de preguntas y respuestas.
Mechthild Scheffer une a su calidad de médica y neurópata, una experiencia de más de 15 años trabajando con la terapia floral de Bach. Desde 1981 es también la representante para Alemania, Austria y Suiza del Dr. Edward Bach Centre. Son precisamente los numerosos pacientes de los centros de Hamburgo, Zurich y Viena los que han aportado la mayor parte de las consultas en esta obra.
Jardín italiano. El clásico jardín italiano es más bien obra, no del hombre, sino del tiempo: los árboles soberbios, frondosos, añejos, se encuentran por doquier. Custodian avenidas y rodean parques; parques que llevan la responsabilidad de enmarcar lor. mármoles de la estatuaria y de las construc-”iones. Son jardines artificiosos pero bellos. Majestuosos y iimtif**o« romo Jos fundadores del antiguo Imperio Romano, sus creadores, lo exigían. Delicados y artísticos como el mismo espíritu italiano.
Jardín español.—Jardín cerrado, de mucha construcción, ambientes saturados de aroma y colorido; rincones románticos, galerías cubiertas, fuentes y azulejos; veredones, nunca avenidas ni paisajes abiertos.
Al jardín clásico español le ha quedado indeleble el paso de los invasores árabes. Andalucía es su cuna; los nostálgicos califas, sus progenitores.
El sello de España se halla también fuertemente impreso en ellos: la alfarería rojiza de las macetas y macetones, el clavel, la rosa, los balcones floridos, le pertenecen en pleno.
Jardín japonés. La Naturaleza en la palma de la mano, así puede definirse. Todo es pequeño, miniaturizado. He aquí una acertada descripción de Clarasó: “Es una miniatura de la Naturaleza. En unos pocos metros cuadrados se encie-/fran todas las riquezas de varias hectáreas. El mar, el río, el monte, el valle, el bosque, el prado, la cumbre, las rocas, los edificios. Jardín minucioso que requiere un culto diario y que sólo los chinos y los japoneses son capaces de crear y de conservar”.




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