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Sábado, junio 30th, 2012 | Author:

La introducción puede hacerse mediante implantación de plantines, como en una forestación, que quedaría limitada a superficies relativamente pequeñas, o mediante la siembra de un “blend” de semillas de las especies escogidas. Lo ideal sería la combinación de ambas formas.
Para que esta introducción tenga éxito es necesaria la preparación del área a tratar de manera muy exhaustiva: de eso dependerá el éxito o el fracaso. Es un proceso que lleva entre tres y cinco años hasta que se logra el objetivo, dependiendo de varios factores.

Experimento de naturalización.
Acciones/2005:
En el otoño del 2005 decidí iniciar un experimento de naturalización en mi predio, en un sector con superficie de unos 7000m2. El predio está ubicado en el límite del ejido urbano de la ciudad de Bariloche, a 940msnm, en la ladera sur del cerro Otto, con declive de aprox. 15%. Las temperaturas máxima y mínima oscilan entre +30 y -20°C, respectivamente, a lo largo del año, y el régimen pluvial es de llOOmm anuales.
En una primera instancia decidí implantar unas pocas especies por semilla: lupino (Lupinaspolyphyllus) y amapola roja {Papaver commutatum); y por implantación de plantines: achilea {Achillea millefolium) y lupino híbrido.
A fines de verano desmalezamos el área y, a mediados de otoño, luego de varias lluvias y heladas, plantamos los plantines y sembramos las semillas al voleo, esperando a ver qué resultaba en la primavera.
Resultados / Primavera 2005
La mayoría de los plantines sobrevivieron y tuvieron un moderado desarrollo, otros murieron ahogados por la maleza. En cambio, de todo lo sembrado no resultó ni una sola planta.
Llegué a la conclusión de que el error consistió en pretender que las semillas germinaran junto con malezas autóctonas ya establecidas desde muchos años antes. No tenían la menor oportunidad de competir con ellas. Apenas comenzó a elevarse la temperatura en primavera, las malezas crecieron con vigor, y si alguna semilla germinó, de inmediato fue sofocada por la vegetación nativa.
Entonces decidí cambiar de estrategia e ir más a fondo, para darle al menos a las especies implantadas las mismas probabilidades de desarrollo que tenían las nativas, compitiendo semilla contra semilla, e incluso en lo posible darles una pequeña ventaja, ya que la tierra estaba saturada de años de semillación de la maleza nativa. Decidí esta vez centrarme en una área menor, de unos 3500m2, y dejar el resto para una segunda etapa.
Acciones/2006
En el verano 2006 volví a desmalezar, esta vez cuidando de no eliminar las plantas que habían sobrevivido de la temporada anterior.
Luego, y en pleno verano, apliqué un herbicida sistémico, con dos aplicaciones, y me dispuse a esperar las lluvias de otoño.
Cuando la tierra ya estaba bien húmeda por las lluvias, pasé un rotocultor por toda la superficie, trituré la maleza seca, rastrillé, y sembré nuevamente. Esta vez no sembré lupino sino nuevamente amapola roja {Papaver commutatum) y también amapola californiana {Eschscholtzia californica), de floración muy prolongada de color amarillo y naranja fuerte. También planté más achilea y lupino híbrido e incorporé áster, de floración otoñal. Ese invierno fue particularmente lluvioso y nevoso, y la superficie estuvo mucho tiempo cubierta de una gruesa capa de nieve.
Resultados / Primavera 2006
Ya a mediados de octubre comencé a observar que algo diferente estaba ocurriendo. Grandes manchones de verde muy intenso, que en un principio no reconocí, estaban cubriendo distintas extensiones del área tratada, en algunas zonas con tal densidad que no permitieron el desarrollo de otras especies.
También volvieron los pastizales altos, pero en cantidades mucho más moderadas. Las únicas especies que decidí tratar de erradicar fueron los cardos (Cardus nutans thoermeri), los abrojos (Acaena splendens y Acaena pinnatissima), y la rosa mosqueta (Rosa moschata o Rosa rubiginosa), que es terriblemente invasiva y difícil de controlar. Hubo una brotación espontánea de amancay (Alstroemeria aurantiacd), un grupo muy localizado, pero que una vez establecido se iría extendiendo año a año.
A principios de noviembre, haciendo una inspección ocular detallada, encontré varias sorpresas:
-la germinación de papaver fue espectacular y masiva;
-las amapolas californianas germinaron más moderadamente y también en grupos;
-encontré con gran cantidad de plántulas de lupino, que no sembré en el otoño, de modo que deduje que se trataba de las semillas que había sembrado el año anterior, cuando no hubo ninguna germinación.
Al mejorar las condiciones, pude constatar ulteriores progresos:
-muchas semillas de lupino sembradas en 2005 germinaron y se estaban desarrollando;
-los áster, que planté como plantines pequeños de una sola vara, se hicieron grandes matas;
-encontré achileas de segunda generación, que germinaron de semillas diseminadas por las plantas que implanté, con lo cual verifiqué su capacidad de autopropagarse;
-encontré un comportamiento radicalmente diferente de una especie nativa cubresuelo, Collomia linearis, que aparecía en pequeños manchones antes del tratamiento del suelo, y ahora, al no tener mayores impedimentos, se había extendido como una alfombra de flores rosadas de baja altura;
-también aparecieron destacadas otras especies nativas muy hermosas que antes pasaban desapercibidas, como la Rhodophiala mendocina y la Nigella damascena, la de la flor azul, es una especie exótica en la Patagonia y que apareció de forma espontánea.
La única especie leñosa que implanté, sin demasiadas esperanzas de éxito, fue el Ceanothus thyrsiflorus repens, que responde muy bien a las condiciones climáticas y de suelo del lugar, pero tenía dudas de que pudiera sobrevivir el primer año sin ayuda, ya que es un híbrido. Afortunadamente goza de muy buena salud, y de los tres ejemplares que planté, dos pasaron la prueba.

Viernes, enero 14th, 2011 | Author:

Por último, algunos consejos para jardines:
El uso de cubresuelos puede ser una solución para la falta de sol pero también una divertida alternativa en un frente soleado donde se desea una alfombra de diversos colores de follaje, granza de color claro por donde caminar y ¡casi nada de mantenimiento!
Más vale un mensaje claro que mil palabras… es decir, cuando pensemos en la idea rectora del diseño, esforcémonos en ser personales, poco tímidos y recurrir a nuestro mayor poder de síntesis.
Hacer un uso adecuado del color. Observar que flores amarillas con flores violetas se lucen mucho, que podemos trabajar con una sola combinación de flores blancas y rosadas entre follajes grises.
Elegir las plantas de acuerdo al tamaño que vayan a tener dentro de cinco o seis años y no asociar “bebés” que desbordarán e invadirán todo el espacio en poco tiempo.
No plantar nunca, en el jardín frontal, el cedro que quedó de la última navidad, porque sería como criar un elefante dentro de la cocina.
Utilizar una alta proporción de plantas de follaje perenne para que se conserve la estructura, aún en invierno.
Por último, hay que pensar en el jardín delantero como un rincón más de nuestro jardín, buscándole una personalidad, una característica propia, evitando caer en lo vulgar y atendiendo a su condición principal: es el que nos da la bienvenida cada vez que llegamos a casa y es la tarjeta de presentación de nuestro hogar.