La propagación por semilla es muy poco usada porque hay una gran cantidad de variedades que no la producen y porque solo habrá seguridad de obtener una misma clase o tipo cuando se practica la multiplicación agámica o vegetativa. Pero a pesar de ello podría ser muy interesante efectuar cruzamientos para obtener nuevas variedades, y en tal caso sería ineludible. La simiente se siembra cuando está bien madura, en otoño, dentro de cajones preparados con tierra ligera y substanciosa, mezclada con mantillo bien descompuesto y arena. Cuando las plantitas aparecen se efectúan raleos tratando de dar espacio a las más desarrolladas y vigorosas; el trasplante a macetas o viveros se llevará a cabo cuando hayan desarrollado plenamente sus primeras hojas.
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La humedad excesiva daña a las plantas y provoca un gran desarrollo foliar en detrimento de la floración. En general los rosales soportan muy bien la sequedad del suelo y esto debe servir de base en la práctica del riego.
La multiplicación del rosal puede hacerse por semilla, renuevos o hijuelos, acodos, estacas o injertos.
La exposición del terreno debe ser Francamente soleada, aunque no por completo a pleno sol; en la sombra prosperan mal v el sol implacable de mediodía perjudica a las flores. Debe, pues, buscarse la manern de que no se hallen bajo árboles y de proporcionarles cierta protección contra los rayos solares del mediodía.
Es bueno que todos los años se les suministre abonos, siendo los más indicados los estiércoles vacunos o equinos b:en fermentados y secos; nunca se usarán frescos ni en estado de fermentación.
En general los rosales crecen bien en todos los terrenos, pero las tierras frescas, sueltas y arenosas son las que más les convienen. La tierra ideal estaría compuesta por un 60 a 70 % de arena, 20 a 30 % de arcilla, 5 a 10 % de calcáreo y un 5 a 10 % de humus.
Rosa gallica var. elatior Rosa galilea provincialis, muy cultivada en Europa, con variedades de tamaño y colores muy diversos; siempre falta el amarillo.
Desde un punto de vista práctico y a los efectos de la los rosales pueden clasificarse en cuatro tipos fundamentales. 1), de pie bajo; 2), de medio pie; 3), de pie alto; y 4), sarmentosos, enredaderas o trepadores.
Los primeros se prestan bien para el cultivo en macetas, los dos intermedios para ornamentación de canteros, y los últimos para decorar muros, pérgolas, troncos de árboles, etc.
Rosa anemoniflora, sarmentosa, con flores sencillas de colores blanco y rosado; se adapta a sitios sombreados.
Rosa lútea, originaria de Persia, algo sarmentosa, flores solitarias de color amarillo vivo. Su importancia radica en que ha introducido el color amarillo en los híbridos de té, dando lugar a la Rosa Parnetiana.
Rosa Noiseileana, obtenida por cruzamiento entre un tipo de R. moschnta blanco y una R. sinensis rosada del upo semperflorens. Flores bien perfumadas de color rosado o rojo.
Hay híbridos muy remontantes y floríferos, con variedades sarmentosas.
Rosa canina, llamado “Escaramujo” o “Rosal silvestre“, que tiene importancia por emplearse de portainjerto de la mayor parte de los híbridos cultivados.
Entre otros tipos de rosales menos introducidos, siempre a decir de N. Clarasó, pueden citarse:
Rosa moschata, que ha dado formación a R. Noisetteana, es algo sarmentosa y produce flores de color blanco.
Rosa bracteata, originaria de China, hoja perenne, flor blanca con numerosos estambres.
Rosa rogosa, de China, un metro y medio de alto, con algunos híbridos interesantes.
Rosa semperflorens Rosa damascena, que tiene importancia por haber dado lugar, por cruza de R. gallica y R. canina, a tipos de jardín muy reflorecientes; su flor es rosada.











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