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Jueves, agosto 16th, 2012 | Author:

Recorrimos juntos el jardín. Su pasión por las gramíneas y herbáceas lo llevó a buscar plantas nativas en los campos silvestres, los cuales son fuente de inspiración para sus diseños. “Intento ‘evocar’ la naturaleza, no copiarla”, contaba. Fue el primero en reconocer la belleza de las herbáceas semillando en otoño o incluso ya secas en invierno. Elige plantas que mueran con gracia, que sostengan la estructura durante la mayor cantidad de tiempo posible y que a la vez también sean fuente de alimento para pájaros y pequeños animales, tales como las echinaceas, digitalis, miscanthus, Eryngium yuccifolium.
También experimenta con gramíneas nuevas, y así se dedujo que las Deschampia cespitosa se pudrían, y las reemplazó por Sporobolus sp. que duran más. Advirtió que un pequeño eragrostis que tenía desaparecía aproximadamente a los tres años. Prefiere el Penissetum ‘Viridescens’ al ‘Moudry’, muy parecido pero que florece antes. El jardín se corta todo en el mes de febrero, y el tiempo de trabajo promedio que le lleva es de 10 minutos por metro por día. Entre las plantas que más me llamaron la atención se encuentran: de las gramíneas, Achnatherum brachytricha, Pennisetum ‘Tall tails’, Panicum ‘Shenandoah’ (de 1,20 m, se usan 5 por m2), Deschampia cespitosa, Deschampia ‘Goldtau’, Molinia ‘Moorhexe'; de las herbáceas: asclepias, Stachys bizantina ‘Big Ears’, astilbe, Eupatorium maculatum, persicaria, Amsonia hubrechtii, veronicastrum.
El jardín es pequeño, pero parece mucho más grande, es una metáfora de lo que ocurre en la naturaleza. Tiene aproximadamente 1000 m2, divididos en un área con predominio de césped, y después se abre el jardín cerrado con las herbáceas de unos 500 m2 de superficie. Esto fue logrado gracias a una sucesión de elementos que le dan profundidad. Frente a la casa, un solado con Stipa tenuissima, luego un césped con un singular cantero-banco redondo de Miscanthus sp. y una pérgola de hierro. El banco está hecho en parte de ladrillo y otra parte es de Taxus baccata intercaladas. Dentro se plantó una gramínea mediana como respaldo y, en el centro, miscanthus. Dividiendo el jardín en dos, un cerco formal de haya de unos dos metros y medio de altura, cortado en ondas, actúa como cortinado de teatro que invita a pasar.
Al atravesar el cerco se encuentra una pradera perfecta. La plantación silvestre se encuentra bajo la fuerte contención de estos cercos estrictamente podados, lo cual crea un equilibrio idóneo. La sutil repetición de ciertas especies “ata” el diseño y deja muy clara la intencionalidad del proyecto. Miles de herbáceas y gramíneas surcadas por caminos invisibles, en una perfecta pintura donde los colores, los juegos de texturas y la luz captada por las inflorescencias de las gramíneas no pueden menos que dejar extasiado a quien presencia este escenario de perfección increíble. Una curva, y el punto de vista cambia radicalmente, dejando al descubierto una complejidad extrema. Mientras recorríamos el jardín con Oudolf, y nos explicaba el concepto detrás del diseño, se irritaba cuando le preguntábamos el nombre de alguna planta, no quería que viéramos una plantita en sí misma, sino el ritmo, el fluir, el juego de texturas, el todo.

Viernes, enero 28th, 2011 | Author:

HIERBAS:
Begonias.
Calahuala y otros heléchos.
Verbenas.
Portulacas.
Petunias.
(Todas las especies autóctonas y no las cultivadas)
Para tener belleza y equilibrio y para ayudar a conservar la naturaleza que está siendo exterminada, proponemos:
• Tener conjuntos de plantas autóctonas en jardines, parques, maceteros, en el arbolado de las calles, en granjas y estancias.
• Conservar áreas de tamaño importante con su vegetación natural en el campo y en las zonas urbanas en algunos casos, haciéndoles cambios para adecuarlos a diferentes usos, pero sin arrasar ni exterminar.
• Impulsar el cuidado y cultivo de plantas autóctonas para ayudar al orden del mundo, al equilibrio entre las especies y a la salud de la humanidad.
Muy pocos dejan a propósito lugares silvestres o hacen jardines, cercos vivos y montes protectores con plantas autóctonas, porque no es costumbre y porque en los viveros no se venden muchas de estas especies. Pero la vegetación nativa tiene valores prácticos, estéticos y espirituales muy grandes. Destacando estos valores en la promoción y la publicidad, haciéndolas figurar en libros y revistas, haciendo énfasis en que tienen un valor especial por ser autóctonas, la gente las usará.