Existen algunas larvas de insectos, por ejemplo el “Braquicero de los narcisos”, cjue pueden también atacar a los bulbos de jacintos cuando se encuentran bajo tierra; las plantas atacadas rinden poco, amarillean y no es raro que lleguen hasta morir.
Entre los medios de combate recomendados deben ser citados la lucha contra el insecto adulto, la remoción periódica del suelo para ocasionar la muerte de las ninfas, y la destrucción de los bulbos atacados por las larvas.
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“Moco de los Jacintos”, producida por un hongo denominado Scleroiinia bidborum que ataca a los bulbos, principalmente después de la floración. Produce el ablandamiento de los mismos y su posterior descomposición.
Se combate mediante la destrucción de los bulbos enfermos y los cuidados a prodigar a los que serán guardados de una época a otra. Estos cuidados se refieren a la conservación de los bulbos en un lugar seco y fresco y al espolvoreo de los mismos con azufre y cal.
El único medio eficaz de controlar esta enfermedad es el de la selección de los bulbos previa plantación, el de la destnicción y erradicación del terreno de todos aquellos que estuviesen atacados y el de la desinfección del suelo con una solución de bicloruro de mercurio al 5 por mil; asimismo, no debe volver a plantarse jacintos en un lugar donde hubiese aparecido la enfermedad.
Crocus
Planta vivaz, bulbosa, de la familia de las Irideáceas, de unos diez centímetros de altura, con la que se hacen principalmente muy vistosas borduras.
Según la raza, florece en primavera, otoño y verano.
Las variedades más cultivadas derivan de dos especies, a saber:
Crocus vernus = Crocus multifloriis, que florece a fines del invierno o principios de la primavera v presenta flores de distintos colores, desde el blanco hasta el violeta menos el amarillo; generalmente se cultiva entre el césped.
La multiplicación por semilla se practica muy poco porque hace perder más tiempo y requiere muchos cuidados; por consiguiente, este método se aplica generalmente cuando se desea obtener nuevas variedades.
La semilla se siembra en almacigos durante la primavera para trasplantar en otoño o durante la primavera siguiente.
También se puede sembrar en otoño en almacigos bajo vidrio, para trasplantar en macetas y a lugar abrigado cuando las plantitas tienen un desairollo suficiente como para que no resulten perjudicadas. Luego, es decir, en primavera, se plantan definitivamente de asiento al aire libre. Para obtener flores de gran tamaño se debe procurar que la planta no tome mucha altura y que forme un tronco grueso. A tal fin, y cuando las plantitas tienen unos 30 cm. de altura, será necesario cercenar las puntas para que no se malgasten las savias.
Cultivos forzados. Estas operaciones consisten en obtener el adelanto o el retardo de las producciones vegetales, es decir, por medio de ciertos métodos el jardinero elude los climas contrarios al buen desarrollo de las distintas especies siempre que éstas requieran un cambio de temperatura para ello.
Una de estas operaciones es la que suele llamarse comúnmente “abrigos”, los cuales a la vez que protegen a las plantas contra la intemperie, sirven para mantener la temperatura que puede favorecerlas.
Control de las enfermedades y plagas. Para mantener lozana una plantación y evitarse malos ratos en el futuro será necesario mantener una estrecha vigilancia sobre el estado sanitario de las mismas. No bien se advierta una anormalidad en el desarrollo de las plantas, deberá estudiarse detenidamente las causas que la han producido. Necesariamente ellas deberán estar incluidas dentro de alguno de los tres puntos siguientes: l) por causas fisiológicas; 2) por parásitos animales; 39) por parásitos vegetales.
Las causas fisiológicas comprenden factores químicos o físicos que actuando desde el exterior producen anomalías en el desarrollo de las plantas. Así por ejemplo, un defecto o un exceso de sales minerales en el suelo, un exceso o un defecto de humedad, ídem de iluminación, ídem de temperatura, etc.
Los parásitos animales que por lo general perjudican a los cultivos vegetales, están integrados por los insectos, ciertos nematodes, moluscos, etc. Para combatirlos eficazmente deberán conocerse sus características v su “modus vivendi”. Los parásitos vegetales que ocasionan enfermedades a las plantas son casi siempre hongos microscópicos que lesionan distintas partes de sus órganos vitales.
Podría mencionarse una cuarta categoría de enfermedades: las virulentas. Son causadas por virus y se caracterizan por infectar a toda la planta, aunque algunas veces sus manifestaciones aparecen solamente en determinados órganos. No siempre son peligrosas e incluso algunas veces se procede a infectar artificialmente para lograr ciertos efectos decorativos. Así por ejemplo, en el caso del Abutilón, el virus que suele invadirlo (Abutilón Virus 1), produce en sus hojas unas manchas amarillas que aumentan la hermosura de su follaje sin que se vea menoscabada la vitalidad de la planta. Desde luego que casos como el nombrado pueden considerarse como excepción y que en general los virus deben ser atacados de la manera que corresponda. En el Capítulo que sigue se indica la técnica para la preparación de insecticidas y otros compuestos químicos de uso frecuente en jardinería.
Podas. Como este es urí tema que de tratarlo en extenso abarcaría mucho más espacio del que tenemos destinado para ello, hemos considerado más conveniente describirlo solamente en los casos especiales. Así por ejemplo, al hablar sobre el cultivo del rosal, se hace la descripción de las distintas podas que se recomiendan para el mismo. Ésos mismos sistemas transportados a otras especies vegetales, servirán de guía al floricultor novel.
Despinpolle. E1 “despinpolle” tiene por objeto eliminar de una planta a punto de florecer cierto número de pimpollos. El objeto de ello es el de producir un mayor aflujo de. savia a los pimpollos que restan, logrando con ello un mayor tamaño y un mejor aspecto de ías flores que se producirán. Muchas veces el floricultor se resiste a realizar esta práctica porque cree que con ella se perjudica a la planta. Nada más erróneo. Por el contrario, los beneficios son grandes y la hermosura de la planta se manifiesta cuando llega el momento de la apertura de los capullos.
En la Parte Especial de este Libro se indica cómo debe procederse cuando se trata de crisantemos, rosales, etc. En general, la práctica difiere poco tratándose de cualquier otra especie floral.
La destrucción del encostre o capa superficial endurecida del suelo, favorece la aerenrión del mismo y con ello la producción de importantes fenómenos biológicos y químicos necesarios para la formación de una “buena tierra”. Al mismo tiempo evita la excesiva evaporación del agua del suelo, factor que debe tenerse especialmente en cuenta cuando la provisión d agua es insuficiente.
El momento adecuado para proceder a carpir estará regulado con la formación del encostre del suelo o con la aparición de malas hierbas. La operación es simple, y no requiere más cuidados que limitarse a trabajar a una profundidad no mavor que la que ocupa la capa que debe destruirse. Una profundidad exagerada pondría en peligro el sistema radicular de los vegetales cultivados.











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