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Viernes, mayo 03rd, 2013 | Author:

¿La pradera consume mucho agua?
CAMBÍELA POR MACIZOS Y BORDURAS.
Empiece por moderar el recibo del agua destinando el menor espacio posible al césped, sobre todo si su jardín está enclavado en las zonas centro o sur de la península. Haga un nuevo diseño de su terreno e incremente el tamaño de arriates, macizos y borduras. Plante en estas zonas arbustos y plantas perennes que apenas requieren cuidados (celinda, espirea, aucuba, piracanta, bergenia, alchemila…) y le aseguran, una vez establecidas, la desaparición de los hierbajos. Ventaja añadida: tendrá que utilizar menos la segadora.

Martes, enero 27th, 2009 | Author:

Preparación del terreno y del suelo.—La preparación del terreno tiene una importancia considerable para el porvenir del jardín.
En primer término el jardinero elegirá, de acuerdo a sus conocimientos, la tierra que él crea más fértil, con el objeto de evitar mayores trabajos en el futuro. Por consiguiente, es preferible aquella que tenga la mayor cantidad de humus o elementos vegetales en estado de descomposición.
Al mismo tiempo es menester retirar del terreno todas las otras materias que son inútiles o pueden perjudicar el desarrollo de las plantas, es decir, tallos duros, raíces, piedras, etc.
Desde un punto de vista práctico un suelo puede considerarse formado por dos capas: una superficial o “capa laborable” que alcanza una profundidad de 40 centímetros, y una profunda o “subsuelo”, que sigue a la anterior y alcanza hasta unos 80 centímetros de profundidad. El suelo que verdaderamente interesa es el que está representado por la primera capa; en ella se desarrollan las raíces de la mayor parte de plantas de jardín (nos referimos a las florales), encontrando allí las substancias nutritivas que necesitan. A mayor profundidad la fertilidad decrece y la cohesión es mucho mayor; alcanzarán estas capas las plantas de gran porte, árboles, arbustos, etc., y otras que por tener un sistema radicular vigoroso, puedan pe netrarlas. Las raíces de los árboles recorren a veces distancias extraordinarias, yendo en busca de la humedad necesaria y de los alimentos (sales minerales) que puedan encontrarse disueltos en la misma.
Las labores del suelo tienen por objeto, entre otros, dividir y desmenuzar la masa terrea que ha de estar en íntimo contacto con las raíces de los vegetales que se cultivan, logrando: 1) la aereación y meteorización necesarias para activar las reacciones bioquímicas del suelo, y con ello la descomposición de las materias orgánicas que han de convertirse en elementos nutritivos para los vegetales; 2) la fácil penetración de las raíces; 3) la incorporación de abonos hasta una profundidad adecuada; 4) la mejor conservación de la humedad del suelo, etc.