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Sábado, agosto 22nd, 2009 | Author:

“Moco de los Jacintos”, producida por un hongo denominado Scleroiinia bidborum que ataca a los bulbos, principalmente después de la floración. Produce el ablandamiento de los mismos y su posterior descomposición.
Se combate mediante la destrucción de los bulbos enfermos y los cuidados a prodigar a los que serán guardados de una época a otra. Estos cuidados se refieren a la conservación de los bulbos en un lugar seco y fresco y al espolvoreo de los mismos con azufre y cal.

Sábado, marzo 28th, 2009 | Author:

De las distintas ramas que aparecerán una vez hecha esta operación, sé elegirán cuatro o cinco, las que presenten mejor aspecto y sean más robustas y fuertes. Cuando echen botones se suprimirán todos los laterales, dejando solamente el botón terminal, del cual surgirá una flor muy grande y vigorosa.
Los crisantemos, como son por lo general plantas altas y de mucho follaje, deberán ser tutorados para evitar que sean volteados por los vientos; esta operación puede hacerse mediante tutores independientes o con espalderas a las cuales las plantas serán amanadas sólidamente.

Viernes, febrero 06th, 2009 | Author:

Como punto de partida de una abonadura inicial podrá considerarse en la mayoría de los casos como dosis adecuada la que figura en las tablas bajo el rótulo “Dosificación normal”. La misma corresponde al abono distribuido uniformemente, en una hectárea e íntimamente mezclado con la tierra, en un espesor de 10 centímetros. En casos especiales, como por ejemplo en suelos muy empobrecidos o cuando se desee un repunte apreciable de la plantación, podrá irse aumentando gradualmente la dosis normal, hasta llegar a la “máxima”. De ninguna maneta conviene sobrepasar estas últimas cifras.

Viernes, febrero 06th, 2009 | Author:

Dosificación de abonos.—Es un error creer que cuanto más se abone una tierra más ha de producir y mejores serán los resultados obtenidos. Si una plantación, por ejemplo, rinde más con 100 kgs. de determinado abono que con 50 kgsv puede dar rendimientos menores si la dosis se eleva a 300 kgs., pues el exceso puede obrar en tai caso como factor negativo. Esto nos explica que un abono debe ser aplicado al suelo en dosis convenientemente medidas, o dicho en otras palabras, en las cantidades justas. Se preguntará el lector: ¿y cómo saber cuáles son las cantidades justas? Para contestar correctamente a esta pregunta deberíamos entrar en un campo de verdadera ingeniería agronómica, vedado en la mayoría de ios cases al aficionndo y al hombre práctico. Escuetamente traducida, la fórmula no es complicada: la tierra posee, digamos por ejemplo, 10 kg. de potasio; la plantación, hasta su completo desarrollo, requiere 15 kg. Habrá por lo tanto un déficit de 5 ks>. que deberá ser proporcionado en forma de abonos. Si el sulfato de potasio posee, según la tabla insertada más arriba, 50 kg. de potasio cada 100 kg. de la sal, una simple regla de tres nos indicará que incorporando al suelo 10 kg. habremos logrado los 5 kg. deficitarios de potasio. El mismo razonamiento es válido para los otros elementos biogenéticos, fósforo, nitrógeno, calcio, etc.
Comprenderá el lector, siguiendo con esta teoría, que deberá conocer la composición química del suelo y la de la plantación, pues solo asi llegará a los resultados apetecidos. Ambos procedimientos escapan a las posibilidades del cultivador, al que no quedará más remedio que valerse de sistemas menos racionales, pero más a su alcance. La práctica, basada en la observación diaria, la lectura de textos especializados y la prudencia combinada con el razonamiento, serán los mejores consejeros y el “instrumento” más valioso con que podrá contar a su favor.