Rosales de Bengala o de China, que son variedades procedentes del tipo Rosa chinensis var. semper floreas (R. hengalensis, R. diversifolia), que se considera como posiblemente un híbrido de Rosa canina, R. moschata, R. sempervirens y R. gallica.
Son arbustos de un metro a un metro y medio de altura, follaje tupido, flores semidobles, pequeñas o medianas, con poca fragancia. Florecen todo el año.
El rosal tipo correspondería al “Gramoisi Superieur”, con flores globosas de color púrpura obscuro.
Archivo para la Categoría » General «
Eucaridio
Planta de la familia de las Onagrariáceas, anual, de unos 30 centímetros de altura, tallo algo ramoso, hojas aovadas, flores axilares pequeñas y numerosas, de color rosado, blanco, carmín, purpúreo, etc. No es muy conocida y su nombre genérico es Euckaridium, sp.
La multiplicación se puede hacer por semilla y la siembra se practica en cualquier época del año siempre que se tomen las debidas precauciones en las estaciones frías.
En otoño las plantas deberán ser trasladadas al abrigo o mejor bajo vidrieras para pasar el invierno.
Llegada la primavera se trasplantarán a lugares secos, dejando unos 25 centímetros de distancia entre planta y planta.
Requiere tierra mullida y ligera.
Casuarinas. Arboles de variado porte, alcanzando en ocasiones hasta 50 metros de altura. Son muy rústicos, de crecimiento rápido y muv resistentes a los fríos. Las especies más introducidas en los jardines son: Casuarina stricta o C. aua-driválvis, que crece en forma1 de copa hasta unos 10 a 15 me tros de altura; C. torulosa o C. tenuissima, de mayor norte aue la anterior y copa bien formada. Ambas especies toleran bien la poda de rejuvenecimiento y suele dárseles las mismas aplicaciones que a las coniferas, en general.
Eucaliptos. Árbol muv conocido, con muchos defen sores y muchos detractores, principalmente en !o que se refiere a su incorporación ,en los jardines. Se le acusa de esciui’-mar la tierra, de ser sucio y de constituir un peligro para las construcciones vecinas por el extraordinario desarropo rad;cu-lar que suele alcanzar. En cambio, se le pondera por su porte, por aromatizar el ambiente, por su resistencia y por su ‘áci1 cultivo. Unos y otros tienen razón, como asi también unos y otros están desprovistos de ella. La verdad es que debe buscarse la mejor especie o variedad que se adaDte para e! iardín y ello dependerá, como es obvio, del tipo de jardín de que se trate, de su extensión y de sus pretensiones. El Eucaliptus globulus es uno de los de mayor porte y de crecimiento más rápido; resiste bien a los fríos intensos y a las heladas, sobre todo a partir de su segundo o tercer año de vida. El E. cinérea tiene forma muy elegante y follaje de color gris claro; su tamaño es mediano y resiste muy bien a las heladas. El E. Vi-minalis es muy recomendable por su resistencia a las heladas y por su porte elegante. Pueden nombrarse, además: E. Gunni, E. resinífera, E. robusta, E. maculata, E. botriodes, E. citriodora, etc.
Ficus. Por lo general son árboles de gran desarrollo, sobre todo si hallan las condiciones ambientales y de cultivo que requieren. Son sensibles a las heladas y exigen suelos bien nutritivos. Los más recomendables son: Ficus elástica o “Gomero”, con hojas muv grandes v decorativas, brillantes y gruesas la envoltura del tallo es de color rojo, característica que lo hace fácilmente reconocible entre otros Ficus; se suele cultivar en grandes macetones, en patios e interiores, donde no logran más que un desarrollo limitado. Ficus leavigata o Ficus nítida o Ficus retusa, muy decorativo, con hojas brillosas v más bien pequeñas; como el anterior, también suele cultivarse en macetas. Ficus rubiginosa, con hojas redondeadas, algo verrugosas, de aspecto correoso y color herrumbre en el envés. Ficus macrophylla con hojas brillantes, muy grandes; alcanza a veces alturas enormes y son muy longevos.
Rosales Cuando se emplean especies híbridas reflorescientes se suele lograr efectos bellísimos, con las ventajas de gozar de una floración abundante y continuada. No se recomiendan las variedades que no son remontantes porque la floración se producirá solamente una vez al año.
Glicinas.—(Wistaria, sp.). Pueden constituir una de las pérgolas más bellas, ya sea por su aspecto como por su delicado perfume. El ramaje logra hacerse muy entrelazado, razón por la cual los pilares y travesanos no se desvisten totalmente con la caída de las hojas. Son de crecimiento rápido y producen flores en racimos, de color blanco, lila, violáceo, etc.
Santa Rita (Bougainvillea, sp.).—Son plantas de la familia de las Nictagináceas, del tipo enredadera, perennes, de follaje muy tupido que se presta admirablemente para cubrir muros y formar pérgolas. Por lo general son algo sensibles al frío, pero una vez que arraigan presentan una rustucidad digna de mención.
Las flores son insignificantes y desprovistas de valor estético, pero sin embargo se hallan respaldadas en brácteas agrupadas, de colores llamativos, que las hacen muy decorativas.
La mayor parte de especies y variedades introducidas en jardinería son muy recomendables, pudiéndose citar entre ellas: Bougainvillea glabra, muy conocida, quizás la más resistente al frío, con flores de color lila rosado; de ella se han derivado variedades como la Salderiana, con flores de color violáceo purpúreo, y la conocida en el comercio con el nombre de Salderiana Variegata, con flores rosadas y follaje con manchas blancas.
Jazmines. Entre las pérgolas perfumadas, la de los jazmines gozan de grandes preferencias. La especie que ntás se presta para formarlas es la Ja$minum grartdiflorum.
Podrían nombrarse también como formadoras de pérgolas a muchas otras especies, por eíemplo: campanillas, erramos, heléchos espárragos, madreselvas, aristoloquias, etc. La elección de la especie queda a criterio de su realizador. Pero éste, para evitar ulteriores desencantos, deberá hallarse bien compenetrado de las exigencias, condiciones de vida y demás característica’; de las plantas.
TERRAZAS. Cuando dentro de un jardín existen oes-niveles, se puede salvar la situación muy elegantemente construyendo terrazas. Esto dará la posibilidad de convertir cada terraza en un jardín con características propias, cuya belleza puede ser realmente imponderable. Pero como la confección de tales adornos entraría de lleno en lo que podríamos llamar “alta jardinería’*, y nosotros somos lo suficientemente pruden tes de no abarcar temas imposibles de desarrollar en este sitio pondremos aquí punto final al título.
ESCALERAS. Si bien la función específica de una escalera es la de permitir el ascenso o descenso cómodo cuando existen desniveles que franquear, desde el punto de vista de la jardinería debe constituir, además, un elemento decorativo. Para cumplir con este último requisito, deben intervenir lo que podríamos llamar la “arquitectura” de la misma y la “ornamentación” vegetal.
Para que una escalera sea cómoda cada peldaño ha de tener una altura de unos 15 centímetros y un largo da 35; además, en lo que respecta a su largo total, se considera que debe ser, aproximadamente, el doble de su altura total. Si no hubiese espacio o resultase demasiado larga, puede apelarse al expediente de doblarla.
En cuanto a lo que respecta a la arquitectura de una escalera, debemos recomendar la mayor sobriedad posible. La verdadera ornamentación correrá por cuenta de la jardinería. A título de ejemplo se ha ilustrado en la figura 2 algunos tipos de escaleras recomendables.
Una escalera puede vestirse de muy diversas formas. Así por ejemplo, con cajoneras laterales, con plantas y flores entre los peldaños, con vegetación lateral en forma de avenida, cen tinajas, figuras de animales, etc. Repetimos que desgraciadamente todo esto sería muy largo de describir, por lo que no nos queda más recurso que tomar nota y remitimos a la figura correspondiente. Por otro lado, las disposiciones posibles son poco menos que infinii - y dependerán, más que nada, del buen gusto del constructor.
PERGOLAS. Alguien dijo que el emparrado, precursor de la pérgola, nació al reunir el hombre lo práctico con la confortable. De la pérgola puede decirse, pues, al reunir lo bello y poético con lo confortable.
La importancia de las flores. Pretender significar aquí la importancia que tienen las flores en nuestro vivir diario, sería como exponer una de esas verdades de Perugrullo. Pero como debíamos iniciar el tema de alguna manera, nada nos parece mejor que hacerlo con la panegírica de uno de los más hermosos dones con que nos ha obsequiado la sabia Natura: las plantas florales.
No sabemos cantar como poetas porque somos agrónomos, pero somos sensibles a la belleza porque somos hombres y como tales tenemos un alma que, exteriorizándose o no, absorbe lo bello en beneficio de sí misma y del cuerpo que la posee. Tan cierto es esto que hoy día la Ciencia no niega, sino que por el contrario, lo sostiene cada vez con mayor brío, la rever-iión de la vieja máxima de Juvenal Mens sana in corpore sano. Considera que si bien es cierto que la salud del cuerpo es condición importante para la salud del espíritu, no es menos cierto que la salud del espíritu conduce con firme paso al estado saludable de la parte material de nuestro ser.
La belleza de las flores, ya sea por su valor estético, por su gracia, por su perfume, entra por los sentidos pero anida en nuestro espíritu, y es precisamente allí donde produce mayores beneficios.
Y como el hombre busca con ansias la sugestión de las flores, no se conforma con que la Naturaleza se las brinde espontáneamente. Nace así el cultivo, los jardines, vale decir. 1 deseo de poseer lo más cerca posible del lugar donde habita ese cumulo dr. belleza que arroba su espíritu, colaborando con hacerle más llevadera esta vida terrena.
Y situándose ahora en un plano menos ilusorio pero más práctico, no podemos negar que el cultivo de las flores adquiere una importancia extraordinaria. Los datos estadísticos nos dicen que son muchas las decenas de millones de pesos que se invierten anualmente en nuestro país para la explotación y comercialización de las .flores. Podemos decir con orgullo que la República Argentina está situada en un lugar de honor entre los países del mundo, en cuanto a producción y venta de productos florales. Posee importantes viveros en los alrededores de la Capital Federal, en Tucumán, bien llamada “el Jardín de la República”, al sud de la provincia de Buenos Aires, en Santa Fe. Entre Ríos, Mendoza, etc. Casi toda su producción es absorbida actualmente por los grandes centros urbanos y la demanda existente crece día a día. Se han efectuado exportaciones en pequeña escala de plantas florales, semillas y bulbos, demostrando con ello que existe un promisorio po anír.







Comentarios recientes