El casco de la estancia de San Juan presenta un diseño de carácter paisajista, donde los elementos de la naturaleza son dispuestos como si se tratara de objetos pictóricos. Sobre la topografía de ligera inclinación hacia el río, los caminos presentan recorridos con forma de círculo, de líneas que convergen en un punto focal o adquieren suaves curvas. Estos trayectos ofrecen diferentes perspectivas, reservándose al casco, aquella correspondiente a la vía recta extensa que tiene en la antigua casona el punto de remate. Esta convivencia de diferentes formas parece restarle unidad al conjunto, pero es necesario notar que esta observación no se hace en base a un plano de proyecto sino a un relevamiento de lo existente, como es la mensura de 1883 de Germán Kuhr. Esta superposición formal reafirmaría la idea de la participación de más de un autor en el proyecto.
La concepción de este ambiente romántico incluía la incorporación de fauna también importada, como los cisnes negros que se deslizaban sobre la superficie del lago o los ciervos que los viajeros del ferrocarril podían observar en el trayecto que une las dos capitales. También el arroyo, ya descripto por Huret, enriquece este espacio al originar microclimas donde los elementos naturales -agua, árboles, arbustos, pájaros, etc.- adquieren singular desarrollo.
La masa arbórea comprende una gran variedad de especies entre las que podemos citar: GinkgO biloba, Washingtonia filifera, Cupressus ¡anibertiana (ciprés lambertiana), Cupressus sempervirens (ciprés piramidal), Qucrcus robur (roble europeo), Tilia tttoltkei (tilo), Acer negando (arce), Acacia dealba-ta (aromo francés), etc. Se disponían en forma de grupos, avenidas, macizos arbóreos o arbustivos, alineaciones o ejemplares aislados cuya distribución en función del recorrido conjugaba el colorido de las distintas especies con los espacios abiertos.
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Dos de sus cartas, dirigidas al entonces presidente de la Sociedad Rural, nos describen parte de su actividad. En ellas se reseñan los resultados del cultivo de pino insigne, Araucaria manicata y am-baiba y recomienda al famoso árbol gigantesco, como llama al Eucalyptus globulus. En 1870 poseía un almacigo de más de 6000 semillas provenien- tes de los árboles más viejos, lo que le permitía plantar todos los años, una gran cantidad. Muchas especies de esta estancia vealas en Jardinería.
Dentro del parque se hallan especies muy difíciles de obtener, ejemplares finos, raros y sobresalientes por sus condiciones ornamentales. Tal es el caso del llamado árbol de cristal, Agathis aus-t ralis y Pólicarpus kauri.
No se conoce al autor del diseño del parque aunque es presumible la intervención del arquitecto Prilidiano Pueyrredón, quien había llegado de Europa en 1850. El hizo, como los demás pintores de su época, escenas y paisajes de nuestro suelo. Su pertenencia a la clase dirigente y la estrecha vinculación que existía entonces entre la pintura y el paisaje ideal que intentaba crearse en los parques, hace que sea muy factible parte de su autoría en el diseño.
Naturalmente, la escala de la obra y su desarrollo en el tiempo han dado lugar a la participa ción activa de más de un proyectista.
El paisaje natural-cultural.
La prosperidad del estanciero derivada de la cría de ganado permitió la creación de una clase ilustrada que encontraba sus modelos en el paradigma francés. Los frecuentes viajes que realizaban a Europa hicieron que importaran, junto con los ejemplares de pedigree, el equipamiento para sus estancias e, incluso, los profesionales encargados del diseño de sus parques.
De esta manera, se recreaban en nuestros ámbitos, espacios característicos de aquellas regiones como los castillos del Loire, los jardines renacentistas italianos o los alcázares españoles.
La creación del parque de la ex-estancia San Juan se debe a la obra de Leonardo Pereyra, quien construye un patrimonio forestal sin precedentes. En ella se encuentran las primeras semillas de eucalyptus enviadas por Sarmiento desde Australia, convertidas hoy en magníficos ejemplares de más de un siglo.
Carlos Vereecke, quien vino al país traído por Carlos Lezama para realizar el parque que hoy se llama Lezama, trabajó posteriormente en San Juan, donde residió durante más de una década.
PARQUE PROVINCIAL PEREYRA IRAOLA.
Situado en el camino entre Buenos Aires y La Plata, el Parque Pereyra Iraola forma parte de nuestro ya escaso patrimonio natural. Área forestal de incalculable valor, es un recuerdo de épocas de grandeza agrícola-ganadera y su preservación, frente a inconcebibles cesiones realizadas a lo largo del tiempo, se convierte en un tema de urgente tratamiento.
Origen:
El primer dominio sobre las tierras que abarcan el actual Parque Pereyra Iraola se originó en 1635 gracias a la merced que solicitara entonces Don Gerónimo de Benavídez de tres leguas sobre el río Grande, en su mayoría anegadizas y bañados. Sin embargo, sólo en 1780 Don Bernardo Xime-nez y Benavídez toma posesión de estos campos.
En 1850, Doña Juana Rita Pinto de Ximenez vende estos terrenos a Don Simón Pereyra. En 1863, Leonardo Higinio Pereyra Iraola, hijo de Simón, reclama la escrituración del terreno. Se lo denominaba estancia San Juan, nombre que deriva, probablemente, del puesto más antiguo del establecimiento anterior, “Las Conchitas”, de Ximenez.
De acuerdo a Jules Huret en “De Buenos Aires al Gran Chaco” de 1910, el parque de San Juan se extendía sobre 350 ha y existían cinco bosqueci-llos de 30 ha cada uno… con árboles plantados hacia 1860 y eucalyptus majestuosos. El relato describe un riachuelo de aguas tranquilas que corría en el centro del parque y a cuyas orillas se ubicaban sauces. Menciona asimismo avenidas de palmeras y cocoteros, magnolias, cipreses, castaños, cañas bambú, álamos plateados, acacias y abetos. El sencillo casco de la estancia se encontraba rodeado por parterres de geranios, enredaderas y rosas, mientras dos palmeras escoltaban la entrada.
De acuerdo a testimonios orales, la estancia “San Juan” se repartió a la muerte de Leonardo Pereyra en 1899 entre sus hijos Leonardo y Martín, siendo este último quien ordenó construir el casco de la estancia “Santa Rosa”, finalizado en 1918.
En 1949 se promueven las acciones judiciales a fin de expropiar 10137 ha que correspondían a la familia Pereyra Iraola y 110 ha que agrupaban a John Colin Campbell Davidson y otros, con lo cual la superficie original del parque era de 10247 ha. Entre los motivos para la expropiación se señaló: “la riqueza forestal de más alto valor de la zona del Gran Buenos Aires”, cuya posible desaparición a raíz de subdivisiones ocasionaría un “desequilibrio climático que redundaría en serio perjuicio para las pequeñas explotaciones agrícolas de la zona”.
Desde entonces, el desarrollo del conurbano que implicó un crecimiento descontrolado con graves problemas de contaminación ambiental y carencia de espacios recreativos, ha acentuado la importancia de este espacio regional.
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Colecciones de plantas: el Arborctum contiene más de 5500 especies y variedades de plantas que pueden crecer bajo las condiciones climáticas del noroeste mediterráneo de USA.
Posee jardines demostrativos y cuenta con material suficiente para todas las investigaciones de campo y de laboratorio que sea necesario realizar.
El Centro de Horticultura Urbana estudia además las relaciones entre las plantas y la gente -incluidos sus efectos psicológicos-, prepara estudiantes y da cursos a más de 25000 personas por año, organiza visitas guiadas al Arboretum conducidas por voluntarios y cuenta con un salón de conferencias con salones de clase adyacentes. Más de 40000 personas por año utilizan sus instalaciones en alguna forma y todos pagan una entrada o derecho.
Sin duda, es sorprendente el éxito que un emprendimiento como éste ha tenido. Comenzando con los niveles básicos de investigación, desde la planta y desde el hombre, hasta llegar a los procesos complejos de interacción, adaptación y selección, se puede llegar a contar con información fundamental para la calidad de vida que será imprescindible en la entrada del próximo siglo.
Toda esta información científica no hace más que probar que las plantas mejoran y enriquecen el ambiente donde vive el hombre. El hecho es determinar cuáles plantar, cómo y dónde.
El Centro de Horticultura Urbana de la Universidad de Washington se ocupa de esto. Puede parecer una lejanísima utopía para la Argentina, pero preferimos considerarlo un ejemplo a seguir.
Ecología urbana, que analiza los efectos de la contaminación ambiental sobre las plantas, entendiendo que del estudio de lo que suceda en pequeñas áreas podrá deducirse lo que puede suceder a nivel del planeta entero.
Las plantas, por otro lado, son consideradas de extrema importancia en la estabilización del ambiente. Además, este programa analiza la superficie de áreas verdes con que cuenta la ciudad, el efecto que causan las edificaciones sobre el ambiente, los cambios en la nece-didad de agua y la forma en que todos estos factores afectan el número y el tipo de plantas ornamentales que se deberán cultivar y plantar en el futuro.
Taxonomía hortícola, que se ocupa de la clasificación de las especies de interés hortícola con potencial en el paisajismo, de la introducción de nuevas especies de varios lugares del mundo con condiciones climáticas similares a las de Washington y del análisis de los factores climáticos que pudiesen influir en el desarrollo y crecimiento de las especies con interés ornamental (eco-fisiología).
Horticultura ambiental, que ha estudiado, por ejemplo, cuáles son los mejores criterios para seleccionar especies para arbolado urbano. En un ensayo realizado con Liquidambar stiyraciflua, plantado en tres situaciones urbanas -calles, plazas y parques- se determinó que el crecimiento era afectado por la cantidad de luz que los árboles recibían. En las calles, la irradiación era del 50% con respecto a la ubicación en parques y plazas, registrándose un mejor crecimiento. La conclución fue que no debía plantarse liqui-dámbares en plazas y que crecían bien en condiciones de baja irradiación, muy frecuente en condiciones urbanas.
El Centro cuenta con diferentes programas de desarrollo entre los cuales figuran:
• Fisiología ambiental, donde se ha estudiado, por ejemplo, en que grado afecta a la fisiología de las raíces el stress sufrido por las plantas frente a la falta de oxígeno, por anegamientos de corta duración, concluyéndose que podrían influir -más de los que se pensaba- en el tamaño final de las hojas, en el caso de árboles de crecimiento rápido como los álamos.













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