Domingo, mayo 19th, 2013 | Author:

Glicina. Puede que no haya mayor atractivo que una pared o una pérgola vestida con las flores azul-lila de la trepadora Wlsteria slnensis. Sus largas panículas producen un fuerte aroma a vainilla. Crece en todas las zonas y suelos, salvo los muy alcalinos, y a pleno sol.

Hamamelis. El Hamamelis sps. es un arbusto con una peculiar floración invernal olorosa y que no se ve afectado por el frío. Junto a un camino, entrada o zona de paso llamará la atención y es bueno protegerlo por las copas no muy densas de árboles cercanos.

Alhelí. Penetrante. Así es el perfume de la Matthiola incana, más fuerte en las flores sencillas que en las dobles. Al tratarse de una especie mediterránea, necesita sol y poco frío para prosperar. Florece en los albores de la primavera y resulta ideal en macizos, borduras y jardineras.

Ajenjo. Las hojas entre verdes y grises de la Artemisia absinthium desprenden una fragancia a limón y resulta idónea para una bordura o plantada en recipiente. Crece mejor al sol, pero necesita espacio para desarrollarse.

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