Lunes, julio 16th, 2012 | Author:

Algunas hojas caen, otras permanecen, flores de unos días, colores diferentes de cada estación, plantas que se pasan de un lado a otro, y todo se multiplica al punto que es preciso regalar algunas a aquellas personas que comparten su pasión. Exuberancia y fertilidad desbordan en los 700 m2 que ocupa el jardín. De orientación noroeste, el terreno se abre desde la vivienda hacia el fondo, con césped plantado y borduras grandes alrededor; tiene un sector para la parrilla
y, bajo la casuarina, la mesa alrededor de la cual se celebran los acontecimientos familiares: cumpleaños, bautismos, comuniones. Senderos de gravilla marcan el paso entre las plantas, que van desde árboles -Ginkgo biloba, casuarina- hasta pequeñas flores en macetones, pasando por diversas especies de arbustos -jazmines, algunas rosas, teucrios, hortensias-, herbáceas -nomeolvides, agapantos, hemerocalis rojo, achiras, lirios-, heléchos, trepadoras -como la bignonia azul- y hasta cactus de variadas formas. La manera en que Silvina, como artífice de este espacio verde, combina las plantas no tiene nada de convencional ni ortodoxo, siente que más bien se basa en su estilo libre como la propia naturaleza, fiel al hecho de que todo en la vida es movimiento, transformación y cambio.
La casa, con paredes exteriores de un vivo tono verde agua está esencialmente conectada con este universo vegetal a través de los grandes ventanales de vidrio. En esto se ve reflejada una premisa que tomó del zen, según la cual la casa se abre al jardín, y el jardín, a la casa.

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