Martes, enero 27th, 2009 | Author:

Las labranzas, de acuerdo a la profundidad que alcanzan, se han dividido en las categorías siguientes:
a) Superficiales, cuando se realizan a una profundidad no mayor de 10 centímetros; su principal objeto es el de permitir la aereación del suelo, como asimismo mantener limpia y descostrad» su superficie.
b) Corrientes u ordinarias, son las que llegan hasta Una profundidad de 20 centímetros para permitir la meteorización y el desmenuzamiento de las primeras capas; se practican siempre antes de emprender un cultivo.
c) Profundas, cuando persiguen el mismo objetivo que en el caso anterior pero realizándose en un espesor comprendido entre 20 y 40 centímetros. Son necesarias para practicar enmiendas y estercoladuras profundas, como así también cuando han de cultivarse plantas con mueso desarrollo radicular.
d) De desfonde, cuando alcanzan profundidades superiores a los 40 centímetros. Se practican cuando se vuelve a cultivar un terreno después de haber permanecido varios años inculto, y su objeto es desmenuzar, aerear el terreno en esa profundidad. Un desfonde corriente se practica únicamente en el lugar en que han de ser plantados los vegetales y su profundidad será de unos 40 centímetros; un desfondo profundo se realizará cuando van a plantarse árboles o arbustos, pudiendo llegar su profundidad hasta los 80 centímetros, o a veces más.
La preparación de un terreno que ha sido destinado a jardín puede ser realizada de muy distintas maneras. Consideraremos nosotros el caso más corriente y en el cual se utilizan como herramientas, palas y algún otro implemento de mano.
Sea el terreno o parcela representado esquemáticamente en la figura 14. Marcadas con un cordel tenso las distintas

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