Enfermedades de las plantas.
La enfermedad ataca principalmente a las plantas de vivero, a las que les provoca la muerte en un plazo más o menos breve. Parecería ser que el bacterio penetra en la planta por alguna herida y por esta causa entre las medidas preventivas que se aconsejan está la de evitar cualquier clase de lastimadura que pudiera provocarse con los instrumentos de labranza. Además deben seleccionarse plantas sanas y sumergirlas en caldo bórdeles al 1 1¡2«% antes de practicar el injerto; si se trata de estacas se las sumergirá en caldo bórdeles al 2 %, durante un par de minutos, antes de hacer la plantación.
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En cuanto a las enfermedades que suelen atacar al rosal, las describiremos a continuación:
“Agalla de corona”, producida por el Bacterium turne-faciens, que también se la llama “tumor”, “cáncer”, etc., que se presenta como tumores localizados casi siempre en la región del cuello de la planta o raíz principal, aunque a veces también en la parte inferior del tallo; al principio los tumores son globosos, carnosos, volviéndose más tarde casi leñosos, casi siempre aislados aunque a veces también agrupados.
Las carpidas y las escardas son necesarias para que no se encostre el suelo y para suprimir al mismo tiempo los yuyos que pudieran aparecer.
Las abonaduras y los riegos, tal cual se ha indicado en otros párrafos, no deben ser olvidadas si se desea obtener rosales vigorosos, lozanos y floríferos.
Se realizarán continuamente podas de limpieza, eliminando ramas u hojas secas, flores marchitas y frutos si no se desea obtener semilla. Debe tenerse presente que la mayoría de rosales cultivados se injertan sobre un pie rústico que no debe dejarse brotar; se procederá, pues, a eliminar todos los brotes a medida que aparezcan.
Los cuidados culturales que requieren los rosales pueden ser condensados en los siguientes puntos:
1) En el mes de agosto, antes de que comiencen a despertar las yemas, se pulverizarán las plantas con caldo bórdeles al 1 %, tratamiento que se repetirá cuando se advierta que comienzan a abrir. En el verano se efectuarán espolvoreos de azufre para combatir o evitar el oidium y se procederá también a combatir los pulgones u otros insectos, si éstos se hicieran presentes.
Entre los rosales reflorecientes, es decir aquellos que producen flores más de una vez por año, se encuentran dos tipos diferentes: los que florecen en primavera o verano para reflorecer en el otoño, y aquellos que producen brotes constantemente sobre los cuales aparecerán flores algo más tarde. Hay que saber distinguirlos de los tipos que brotan en un año, pero que recién florecen al año siguiente, y de aquellos que tienen una floración única.
Los rosales no reflorecientes deben podarse no bien haya pasado la floración porque florecen siempre sobre el leño del año anterior; de esa manera queda asegurada una abundante producción florífera en el año venidero.
Entre los rosales sarmentosos hay dos tipos: uno que brota cerca de la base y otro que lo hace a gran altura. Es inútil tratar de podar alto a los primeros porque produciián muy pocas flores; en cambio, a los segundos puede efectuárseles una poda alta, obteniendo de esta manera año tras año mayor altura con la aparición de nuevas ramas, siempre floríferas.
La poda puede ser larga o corta; se denomina “larga” cuando se dejan las yemas de la parte superior de las ramas, y “corta”, cuando se procede a la inversa. Uno y otro sistema tienen sus ventajas y sus inconvenientes: la poda corta aumenta el desarrollo de las ramas en detrimento del número de flores, pero en cambio las que se obtienen son de mayor tamaño. La poda excesivamente larga debilita la vegetación pero aumenta el número de flores en detrimento de su tamaño. Para obtener un buen equilibrio se deberá proceder podando corto y largo a la vez, de acuerdo al tamaño de las ramas y tal cual se ha indicado poco más arriba.
En la poda de simetría se cortarán las ramas que se desvíen, teniendo muy en cuenta que casi siempre la yema que se encuentra más próxima del corte es la que producirá nuevas ramas laterales; esto es importante para darle a las nuevas ramas la orientación que se desea, que será siempre la de la yema elegida. Así por ejemplo, si se desea formar un rosal que dirija sus ramas hacia afuera dejando el corazón de la planta abierto al aire y al sol, se elegirán para dejar como terminales a las yemas que miren precisamente hacia el exterior y se practicará el corte por encima de ellas.













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